sábado, 8 de septiembre de 2012

Una noche de terror


     Primera parte       
            Había sido una velada maravillosa pero se estaba haciendo muy tarde y todavía tenía que conducir 30km antes de llegar a casa.
            Ana me había invitado a que pasase la noche con ellos. La verdad es que la tormenta no animaba a coger el coche, pero había prometido a mi hija que la llevaría al aeropuerto a primera hora de la mañana.
            Antes de irme, uno de los invitados me sugirió que regresase por la carretera comarcal: tardaría menos porque a esa hora no había prácticamente nada de tráfico.
             Una vez en el coche, decidí probar suerte con la carretera comarcal. Estaba cansadísima y cuanto antes pudiera meterme en la cama mejor.
¡Vaya nochecita!-me dije mientras arrancaba el coche y ponía el limpiaparabrisas en la posición rápida.
            A los pocos kilómetros, sentí un poco de miedo. No me había cruzado con ningún coche y apenas se divisaban luces de casas o bares aún abiertos. Aparte de los faros del coche, la oscuridad sólo se rompía con el resplandor de los rayos.
            Entonces, de repente el coche se paró y salía humo del capó.
Lo que me faltaba- pensé en ese momento.
            Me bajé para comprobar qué había sucedido, pero raramente al salir del coche el humo paró de salir; aún así me dirigí hacia el capó y lo abrí. Nada parecía estar mal, lo único era que no me quedaba gasolina en el tanque, pero eso no pudo haber causado la avería ni el humo.
            Saqué mi móvil, pero desgraciadamente no tenía cobertura; la única solución era ir a buscar alguna gasolinera cercana. Desganada cogí una garrafa vacía del maletero y con la linterna que encontré comencé a andar sin saber a dónde ir, simplemente seguía la carretera con la esperanza de encontrar una gasolinera o alguna casa, aunque sea había cesado la lluvia y no me mojaba.